Capítulo 1: A galeras

(00:00) 

‘Arquímedes’ empuñaba el arma con firmeza. Roque Vargas, impasible, permanecía sentado en su sillón de sky rojo, con el rostro orientado hacia la puerta del despacho y el cañón del arma presionándole la sien. ‘Arquímedes’ comenzó a hablar. Era extraño: emitía las palabras pero de su boca salía la voz de Roque. La escuchaba sucia, distorsionada, con interferencias, como saliendo desde algún televisor mal sintonizado. Sin embargo su declama era firme. No había duda, todo estaba saliendo según lo previsto...

 

“Llegó el momento pues de colocar la absolución sobre el tablero. De descorchar la Dama Blanca para que, rancia y añeja, cumpla con su cometido arropada por el duende de la madrugrada. 

Llegó el momento pues, con traje de Domingo, de sacar un último enroque de la manga y repartir mi maltrecha suerte entre los mediocres. 
De abrir en canal la luna para que cada destello de luz me ponga bajo los pies de los caballos.

Aquí estoy, con el testamento en el rostro porque no existe dios que eche el cierre a este dolor. 
¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy! Agonizando en Vodevil Vargas...”

 

(00:44)

De repente la habitación comenzó a desmoronarse. Los escombros caían sobre ellos a cámara lenta, y sin embargo no eran capaces de esquivarlos. ‘Arquímedes’ sólo tuvo un segundo para darse cuenta de que más allá del techo no había nada: solo una oscuridad total que se cernía sobre sus cabezas. ¿Qué estaba pasando?

Volvió su mirada hacia Roque pero éste ya no estaba sentado. Se encontraba de pie junto a él, hundiéndole un abrecartas en la boca del estómago, recreándose en los movimientos circulares que hacían brotar bocanadas de queroseno. Poco le importaba a ‘Arquímedes’ el intenso dolor que sentía en aquel momento. El plan estaba fracasando y él tenía que hacer algo para remediarlo. Tenía que evitarlo. Tenía que...

(01:18)

‘Arquímedes’ abrió los ojos con un seco sobresalto. Estaba totalmente empapado en sudor. Tardó unos segundos en comprender que se encontraba tirado en el suelo de su habitación, en la sucia pensión en la que se alojaba desde hacía años.  Eran las 3 y cuarto de la tarde del 9 de Noviembre de 1.975 y todo había sido una delirante pesadilla. Sin embargo tenía un plan para aquella noche y algo parecido a su sueño ocurriría en el ‘Vodevil’ de Roque Vargas.

Aún quedaba mucho por hacer y se puso en marcha. “A galeras”, susurró. Mientras, salía por última vez del viejo hostal de la calle Otumba.